viernes, 21 de febrero de 2014

Soñaba muchas veces con el, recordaba sus gestos como algo casi dentro de si misma, era una manera de tortura inconsciente, rememorar sus facciones y su manera de reir y como se ponía el dedo en la boca y se acariciaba el bígote cuando pensaba en algo, en su manera de expresarse, su manera de hacer el payaso, y su manera particular de hablar con una teleoperadora, eran pequeños retazos, recortes en sepia que ella conservaba con amor y no quería desprenderse.

Aún así había muchas cosas que ya no conseguía recordar, como su olor, o su abrazo, ya no recordaba sus besos, y le era imposible rememorar su rincón. 

Se decía a si misma una y un millón de veces que jamás volvería con el, que solo añoraba su pasado pero no a el, y lo decía totalmente convencida, pero ni ella misma sabía que detrás de eso, había una diminuta, pequeña, escondida y solitaria parte de si misma que imploraba desde su rincón que eso no fuera verdad. Esa parte de si misma que tanto le costó superar, esa parte de ella que tanto dolió y no le dejó avanzar hasta que se rindió a la realidad.

Y quizás hoy solo hoy, se permitiera volver a ese lugar donde fué tan feliz, aunque luego costaba tanto volver, que ya no sabía si le merecía la pena.