El la miró desde la distancia, la risa contagiosa de ella era embriagadora, y nunca supo descifrar que formula exacta la hacia reír, pero reía limpia y sonoramente, haciendo un silencio sepulcral al terminar que solo le provocaba una nueva carcajada.
Fue ese sonido el que le enamoró, ese fue el recuerdo imborrable después de su partida, su cara entre risas y ese sonido y esa frase, esa que ella siempre repetía...No me río...sonrío.
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